La serie

Historias para ser

Serie fotografica e historias de transformación, de luchas, de triunfos y, algunas veces, de fracasos… Que pueden inspirar, conmover, y dar a conocer diversidad.

Ernesto

- Ernesto -

La primera vez que me sentí discriminado en el campo laboral, estaba presentando una entrevista de trabajo para un parque de diversiones. La psicóloga me preguntó que si era gay y yo le dije que sí. Entonces me dijo que cómo quería que se dirigiera a mí, si de él o de ella. Me dio mucha rabia y le pregunté que si acaso me veía como mujer. Ella me contestó “como a algunos de ustedes les gusta que las traten como mujeres…” Me dijo entonces que no creía que el puesto fuera para alguien “como yo”. Tuve que decirle que si una psicóloga no sabía la diferencia entre género y orientación sexual, igual no me interesaba trabajar en una empresa así y me fui.
Samuel

- Samuel -

“Mamá, papá… Soy gay… y mañana viene mi novio para que lo conozcan.” Eso fue todo. No hubo llanto ni amenazas. Ellos recostados en la cama viendo TV, yo desde el pasillo de entrada en una esquina de la habitación. Papá ni se inmutó, por lo que le pregunté qué pensaba al respecto: “Nada, hijo, sigue estudiando.” No esperaba más de él, siempre tolerante y reservado, papá. Mamá tampoco pareció sorprendida, pero sí replicó inmediatamente: “¿Desde hace cuánto lo sabes?” Por cuestiones fuera de mi control y comprensión, siempre lo he sabido… y sido. Al día siguiente vino el único al que he llamado mi novio en mi vida. Primer amor, ya entenderán. No hubo nada destacable de su visita. Lo trataron bien, todo el acontecimiento se sintió bien. Soy consciente de lo afortunado que soy en muchos aspectos, pero sobre todo con mis padres. Ellos fueron criados en hogares tradicionales bajo preceptos seculares, pero por elección propia decidieron amar y apoyar a sus hijos sin excusa. Nunca tuve mayor conflicto con mi sexualidad, nunca me he sentido directamente discriminado debido a ésta, nunca la he lucido con orgullo pero tampoco con deshonra. Simplemente así se es y ya.
Maren

- Maren -

Mi nombre es Maren Lucía. Tengo 19 años y soy artista, bailarina y actriz. Llegué a Bogotá por la simple necesidad de ser libre, de apropiarme de mi vida, cómo en serio me sentía y cómo quiero desarrollarla… Como una mujer…

Empecé a trabajar en acciones de protección de nuestras realidades como mujeres trans, por la necesidad de mejorar nuestra calidad de vida, ya que somos una población que es segregada y violentada. Cerca de nosotras siempre está el círculo de consumo de sustancias psicoactivas, el tema de la prostitución, las limitaciones que tenemos que vivir, la discriminación al tratar de acceder a un empleo digno, y que no haya un tratamiento de salud diferenciado.

Comencé a trabajar en el centro comunitario LGBT Sebastián Romero de Teusaquillo dictando mis clases de danza allí, queriéndole dar algo de mí a la comunidad. Fui voluntaria de la fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans) protegiendo los derechos humanos de las personas trans. Actualmente hago parte del colectivo Transescena y trabajo desde las diferentes artes. Desde la escena sigo aprendiendo del trabajo con los derechos humanos para lograr transformaciones positivas en la sociedad, Quiero lograr que nuestra calidad de vida mejore y que las chicas tengan una proyección en su vida, porque tú puedes trabajar en la prostitución, pero no puedes perder la convicción de salir adelante en otros espacios...
Daniel

- Daniel -

Era 1994 y me encontraba en la cima del éxito profesional. De inmediato, puse en acción aquello de que “el amor no es amor si no lo regalas” y asumí a dos huérfanos de la violencia como los hijos de mi corazón. Eran mi sangre, mis sobrinos, quienes desde entonces me regalaron el privilegio de sentir el amor de padre y de alguna manera ser un faro en su sendero. Con mi esposo hicimos lo que estuvo a nuestro alcance, como papás. Hoy, el país cuenta con dos ciudadanos empeñados en hacer el bien; responsables, respetuosos, honestos, justos y trabajadores. El mayor, de 27 años, es ingeniero, trabaja en una multinacional y vive con su novia e hija; el menor, de 24, se especializa como cirujano plástico en Alemania.
Ligeya

- Ligeya -

Decidí volverme activista cuando estudiaba Educación Artística en la sede del centro de la Universidad Distrital de Bogotá. Íbamos caminando con mi novia cerca de la Carrera Séptima, simplemente caminando una al lado de la otra, cuando un habitante de la calle empezó a gritarnos cosas que no escuché muy bien. Luego, nos tiró guacales de esos en los que empacan frutas en Abastos… Fue asustador. En esa misma calle también pasó otro día un camión con dos tipos que nos gritaron "¡areperas, busquen macho!” Al tiempo, en la universidad empezaron a circular correos de fotos de parejas del mismo sexo. A pie de foto decían: “Estas son las parejas que hay que sacar de la Universidad Distrital”. Pensé que si no hacía parte del cambio bien podía estar haciendo parte del problema… Ahí empezamos una conspiración artivista (activismo artístico) en la universidad. Hacíamos acciones políticas y artísticas y jornadas educativas que nos confirmaban que en la universidad había una fuerte homofobia. A la fecha de hoy, todavía seguimos camellando desde donde estemos… Algunas compañeras y yo estamos fuera de Colombia igual trabajando por la diversidad.
Juan David

- Juan David -

Cuando tenía trece o catorce años de edad, hacía parte de una parroquia muy cerca de mi casa. Era acólito y catequista de primera comunión, un referente en la comunidad. Alrededor de esa edad me enteré que también pertenezco a otra comunidad. Desde siempre había tenído muy claro mi gusto por los hombres, pero nunca supe que existía un nombre para esa condición. El Internet me dio acceso a esa y mucha otra información. Con el descubrimiento empecé también a descubrir todo el “conflicto” que mi sexualidad presentaba con la religión católica. Entonces me invadió una especie de ansiedad por no saber cómo seguir procediendo en mis grupos parroquiales…

Un sábado me encontré con una de mis amigas y le comenté sobre la información que acababa de obtener. Ella me dijo que lo sospechaba y que ella también era homosexual. Recuerdo haber sentido algo del orden de lo familiar con ella desde ese momento. De ahí en adelante, como era de suponer, varias personas más de la parroquia se enteraron, y nadie mostró ningún tipo de rechazo o indiferencia frente al tema. Todos me acogieron todavía más. Un día el párroco se enteró de lo que todo el mundo decía: “A Juan David le gustan los hombres”. Decidió hablar conmigo, se mostró amable frente a la situación, pero me recomendó que recordara que siendo homosexual o heterosexual tenía que tener presente que estaba en el ojo de muchas personas por lo cual debía tener cierto comportamiento dentro y fuera de la parroquia… En lo demás fue muy comprensivo con la situación.

Ahora que recuerdo aquella época de mi vida, no encuentro más que gratitud y cariño por todas esas personas que estuvieron conmigo, sobre todo en esa etapa caótica de los catorce años cuando se piensa que todo está en contra de uno y todo parece muy desordenado.
Catalina

- Catalina -

Soy bisexual y mi interés por el activismo empezó en la universidad. Investigué el tema desde la psicología y no solo desde el derecho o el trabajo social. Así fue como me encontré con una profesora con quien empezamos a tocar temas LGBTI y a hacer grupos focales. El proyecto de ella era en torno a perspectivas sobre las personas LGBTI en la ciudad de Bogotá. En las reuniones lo curioso es que yo era la única persona bisexual. Las otras eran mayoritariamente chicas y hombres heterosexuales. En el grupo se hablaba bien de las lesbianas y los gays, pero cuando tocaban el tema trans siempre era algo como “la puta”, “la ladrona”, “la bazuquera”… Eso me molestaba mucho. Las personas trans son personas, pero no todo el mundo las ve así… Eso fue el detonante que me hizo pensar en el activismo. Ahora estoy haciendo mi trabajo de grado sobre cómo se apropian los y las trans de la ciudad mostrando diferentes experiencias artísticas, por ejemplo reinados en espacios heteronormativos u otras muestras, y ha sido muy interesante. Estoy convencida de que hay que seguir trabajando desde cada uno de nuestros campos en el cambio de paradigmas.
Alirio

- Alirio -

Yo ya le había contado a mi familia más cercana que soy gay, pero nunca había llevado a una de mis parejas a la casa. Hace unos meses organizamos una fiesta con toda la familia para el cumpleaños de mi papá y yo decidí llevar a mi novio. Para mi padre fue muy incómodo porque creo que no se había acostumbrado a la idea de verme físicamente con otro hombre. Le preocupaba mucho qué iban a decir mis tíos y primos… Me puse muy triste porque eso significaba que todavía no me había aceptado, todavía no se había reconciliado con la idea de que su hijo no tendrá una familia “normal”. Me molestaba que a estos eventos yo no pudiera llevar a mi pareja. El sentimiento era muy raro porque yo me preguntaba en qué momento podía ser yo, quitarme esa máscara y, si me preguntan, poder responder que no tengo novia porque tengo novio. Luego de esa situación empecé a llevar a mi novio a la casa y siento que mi papá empezó a conocerlo y a verme a mí en esa situación. Ahora la cosa está más tranquila y ellos están más relajados con el tema.
Yon

- Yon -

Cuando empecé con mi página de comedia “Pornodramas”, no sabía nada de las personas trans. No entendía qué pasaba. Era, digamos, un tanto transfóbico, no entendía para qué tanta jodedera, ¡claro! esa era mi visión del mundo. Curiosamente empecé a trabajar en El Sofá, el primer programa de TV en Colombia donde se hablaba públicamente de las personas LGBT y empecé a conocer muchas mujeres trans y a entender que, más allá de lo que se deba o no se deba hacer, es una decisión de vida muy fuerte y, en este país, es como decir “me voy a empezar a vestir de mujer así me maten”… Gracias a este trabajo comencé a entender la sensibilidad especial de estas mujeres y a comprender que es totalmente válido y legítimo.
Aure

- Aure -

Cuando descubrí que era lesbiana, salí del closet también con mi familia. A mí no se me hizo extraño, pero simplemente no lo había aceptado. Mi familia si lo tomó muy mal… Me echaron de la casa. Fueron tiempos muy complicados. En un momento hasta me trataron mal, sobre todo mi mamá. Llegué a decirle “mira yo no te pido que me apoyes ni que lo divulgues pero respétame en lo que soy” y esa fue la palabra clave, el respeto, y poco a poco fuimos llegando al punto en que me apoya. Hace dos semanas me quería pedir perdón después de casi dos años. No es fácil olvidar lo que te duele, pero ella me dijo que en ese tiempo no lo entendía y que lo único que podía hacer era discutir. Yo pienso que cuando uno tiene a su familia uno puede contra todo. Eso me lo enseñó mi mamá y es muy bonito.
Edward

- Edward -

Cuando trabajaba en el sector privado de la educación siempre estaba con miedo, pensando que alguien se enterara de mi homosexualidad. Trataba de “normalizarme”, comportándome lo más masculino que pudiera. Era agotador estar hipervigilante, autocensurándome constantemente, a pesar de haber “salido del closet” con mi familia, todavía estaba en el del trabajo. Pasar el concurso en el sector público fue liberador, y me dio el valor para enfrentar la homofobia de mis compañeros de trabajo. Por fin pude empezar a comportarme como siempre quise, a vestirme como me da la gana… Y a defender a mis estudiantes que manifestaban identidades sexualmente diversas del acoso y la persecución de compañeros y docentes.

Es hermoso y gratificante recibir preguntas de mis estudiantes sobre mi vida personal, compartirles mis experiencias de vida, notar que ellos y ellas van adquiriendo una actitud de respeto hacia las diferencias, cuestionando los estereotipos y prejuicios.

Me sentí feliz una tarde, cuando una ex alumna me abordó en la calle. Alegre y sonriente, me dijo: “Profe, le presento a mi novia”. Y le dijo a su novia: “Mira, amor, él es el profe del que te hablé.” Ese gesto me llenó de esperanza, de orgullo, y sentí que estoy donde debo estar, que mi vocación es la educación, y que los cambios empiezan por esos pequeños detalles que alegran la existencia.
María Alejandra

- María Alejandra -

A los quince años me di cuenta de que me gustaban las mujeres. Tengo una madre homofóbica e intenté hablarlo con ella a mis 18 años, dialogar con ella y explicarle lo que me pasaba, pero no lo entendió. Todos los días vivo agresiones de parte de ella, agresiones verbales y físicas. Por diversos factores todavía no puedo salir de la casa y mudarme. La discriminación más fuerte ha sido en mi ámbito familiar, pero también en la ciudad. Vivo en Pasto y la ciudad es aún muy machista y muy homofóbica. Tengo una relación estable de más de dos años y a mi chica y a mí nos han agredido verbalmente, nos han acosado en la calle, nos han dicho cosas del tipo, “eres así porque te falta un hombre”, “qué asco”, “pecadoras”, “areperas”… Es difícil entrar a ciertos lugares tomadas de la mano, da miedo que nos vayan a agredir.

Estudio psicología y mi trabajo de investigación de la universidad es con un chico y una chica transgénero. Ellos también viven la violencia y la discriminación de forma muy marcada. Nos han sacado de bares, de restaurantes, por darnos un beso. Creo que en ciudades tan pequeñas como en Pasto, hace falta que las personas LGBT se hagan más visibles. El machismo es muy marcado… hay mucho acoso en la calle si eres mujer y si eres lesbiana mucho peor.
Andrés

- Andrés -

Cuando bailaba danza contemporánea, tuve la oportunidad de experimentar mucho y quitarme tabús de la cabeza, en especial en una época en la que estuve bailando con una compañía de danza- teatro que se llama Yo Reinaré-Compañía de Danza. El maestro que la dirige, Julián Alvarado, es muy queer y siempre ha tenido un gran interés en romper los límites de uno mismo y de los demás. Por ejemplo en una de las obras que realizábamos, Manifiesto de un hombre en desequilibrio, en una escena donde éramos una reunión de Melancólicos Anónimos, los cuatro que nos presentábamos leíamos un escrito dirigido a nuestra Melancolía. En esas, él se paraba en el centro con tacones y mientras leía, varios de nosotros le mordíamos los muslos intentando desequilibrarlo. En otro performance hacíamos la fonomímica y una pequeña coreografía de una escena icónica de María, la del barrio llamada “La maldita lisiada” y la repetíamos setenta veces. En la mayoría de las piezas explorábamos el género, el deseo y nuestros propios límites del cuerpo y de la mente. Recuerdo esa época con mucha nostalgia y felicidad… Fue una de mis épocas más creativas.
Silvia

- Silvia -

Soy una persona trans que empieza a hacer el tránsito a los 48 años, después de mantener una vida muy “normal” con matrimonio, hijos y todo lo que se espera de un hombre cisgénero heterosexual.… Es bien complicado, implica un montón de cuestionamientos muy fuertes, una serie de rupturas, hacerse preguntas como “¿qué vas a hacer? ¿Hasta dónde estás dispuesta a transformar tu cuerpo? ¿Ponerte hormonas para parecer una chica de veinte años? La salud es un tema delicado a esta edad. La construcción del cuerpo y de la identidad son asuntos muy complejos… Yo, por ejemplo, utilicé barba por mucho tiempo. Cuando empecé a travestirme me la quitaba, pero luego me hizo falta, así que ahora a veces me travisto sin quitarme la barba.… Mi expresión de género es ahora más queer, más marica. Lo que busco es ser atípico, subvertir el género… Puedo subirme al Transmilenio con las uñas pintadas, aretes, el cabello largo y ropa de hombre, tal vez con algunas piezas muy femeninas y la gente se me queda mirando. Creo que esas personas se preguntan por lo que significa ser hombre o ser mujer, les incomoda, les llama la atención, los pone a pensar. No lo hago todo el tiempo porque es muy pesado. Creo que es importante romper los estereotipos de género y abrir discusiones más serias sobre el tema. Todos los géneros son literarios, son un cuento que te echaron: “los niños no lloran”, “las niñas se dejan el pelo largo”, esos cuentos justifican violencias y exclusiones, limitan las opciones de vivir como un ser humano… Hay que ser nuestro propio cuento.
Diego/Katrina Zerolimit

- Diego/Katrina Zerolimit -

Cuando comencé a estudiar artes, empecé a conocer experiencias de vida diversas, y alguna vez tuve la oportunidad de salir a la calle “trepada”, travestida… Esa vez se creó Katrina… Es como que la primera vez que tú lo haces, una semilla se implanta en ti y tienes esa necesidad creativa… Katrina surge de muchos referentes del cine y la televisión, y comienza a manifestarse poco a poco… Me acuerdo de varias canciones que la llamaban para expresarse. Entonces Katrina empezó a darme espacios que de pronto Diego no me permitía, y al tener una identidad paralela comencé a abrirme a espacios alternativos y comenzó todo este círculo artístico en donde terminé siendo una gestora cultural, reportera en discotecas, participante en proyectos audiovisuales y fotográficos, en reinados… Y es un mundo que no tiene límites. Por ejemplo, ahora ando trabajando con Transescena. Somos un grupo de personas que organizan eventos, talleres y proyectos culturales en torno a las identidades de género diversas, visibilizando los procesos de personas transexuales y transgeneristas… y seguimos trabajando para lograr que las identidades de género diversas sean más visibles.
Tina

- Tina -

Mi experiencia desde pequeñito respecto al género ha sido muy interesante. Crecí en Tuluá, en el Valle, cerca de Cali. Estudiaba en un colegio privado, de solo chicos y de curas. Siempre tuve una sensibilidad más femenina que masculina, entonces en el colegio, a la hora de comportarme y a la hora de abordar el teatro, que era una de las posibilidades para expresarme fuera de la opresión social, era mucho más femenina… Desde pequeñita tuve el cuestionamiento del rol asignado versus al rol que quería asumir, sin decir con esto que quería ser una mujer… Quería actuar los roles femeninos. En el colegio no nos daban garantías a las personas como yo. Nos hacían mucho bullying y aunque no me dejaba, o sea, no me escondía, me molestaba mucho que a los que nos molestaban no los castigaban. Era una cantidad de violencias que se evidenciaban en el salón de clases pero a la que ningún profesor se oponía.

Este proceso continúa toda la vida y me parece curioso que en la educación, en los colegios y en las universidades sin hacerlo explícito, se sigue dando la violencia contra los cuerpos y contra las feminidades. Hay una necesidad muy grande de encasillar los géneros. En mi trabajo con el teatro independiente he luchado para que no sea así, y ha sido difícil porque el medio del teatro también margina las identidades diversas. Por eso, debemos seguir trabajando por darles el lugar digno que se merecen.
Jessica

- Jessica -

El anterior año tuve la oportunidad de trabajar con Human Rights Campaign, una organización muy importante en los derechos humanos de personas de los sectores LGBT en Estados Unidos, estuve trabajando en la calle pidiendo donaciones para una campaña que buscaba lograr la aprobación de una ley que prohibirá la discriminación en todo Estados Unidos de personas LGBTI en sus lugares de trabajo o sus viviendas solamente por su orientación sexual o identidad de género. De todas las labores que he realizado en el activismo esta experiencia me marcó mucho, no solo por el choque cultural sino también fue el hecho de pedirle plata a la gente para la causa, me daba cosa pedirles plata, luego me di cuenta que eso es muy normal en Estados Unidos. La experiencia también me abrió los ojos en que todo el tiempo que llevaba viviendo en Colombia había hecho un activismo muy aislado, pero nunca había pensado en las corresponsabilidades que lleva hacer un trabajo mucho más comprometido, despertarse todos los días temprano y salir desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde para poner la cara y trabajar. Ponerse una camisa y todo el tiempo ponerse ese reconocimiento. Cuando ya volví a Colombia, me dio la oportunidad de retomar el activismo con los grupos universitarios de Diversidad Sexual y de género de Bogotá, pero ya desde otra perspectiva más activa y de compromiso, de vamos a hacerlo, vamos a sacarlo, y prueba de eso es la excelente labor que hicimos en la 3ra semana Universitaria de diversidad sexual y de género, un evento con excelente organización. Entonces hay una diferencia entre lo que hago antes y lo que hago ahora, me di cuenta que si tú no haces las cosas, no las hace nadie. Estamos esperando que las grandes organizaciones reconocidas hagan las cosas y muchas veces depende es de nosotros mismos y del compromiso que tengamos en nuestras comunidades.
Miriam

- Miriam -

A mí me daba pena participar en las marchas del Orgullo Gay en Bogotá. Las veía y quería participar en ellas, pero me preocupaba que la gente fuera a pensar que yo era lesbiana o algo así, sobre todo la gente del trabajo. Aunque se había ganado reconocimiento, la gente seguía mirando mal a los homosexuales por así decirlo… Cuando había marchas, yo me paraba en la acera y saludaba sonriente, pero no me metía…

Resulta que un día estaba parada en la séptima, al lado de una familia típica, dos niños, papá y mamá… No creo que ellos estuvieran apoyando la marcha. Solo que no tenían por dónde pasar... Todos alrededor mío parecían ser más que todo mirones e incluso algunos de ellos murmuraban y se burlaban… Yo estoy ahí y de pronto viene un combo de drags súper escandalosas… De las filas de estas sale de pronto una que viene hacia mí, muy efusiva, me llama por mi nombre, me abraza, me da picos, me alza… Todas vienen hacia mí… los de al lado me miran con ojos de juicio… Yo no sé qué hacer, no reconozco a la reina. No sé por qué me saluda y de pronto: ¡Era Jair, mi peluquero! Lo abrazo. Me río. ¡Al que no quiere caldo le dan dos tazas! A partir de ese año, voy a todas las marchas. En la última incluso me puse una camiseta que decía “Las personas trans también tenemos familias.” Yo no soy trans…. Fue una gran experiencia.
Juan

- Juan -

Recuerdo mucho que de pequeño siempre había estupor por el tipo juegos que a mí me gustaban, con el tipo de roles con que me sentía identificado. Recuerdo que me gustaba mucho hacer un gesto con mi bufanda de lanzarla hacia atrás y muchos decían que eran un gesto amanerado. Una profesora me llevó donde la psicóloga, que empezó a hacerme un montón de preguntas… La primera fue que si yo tenía amigos o me relacionaba con gente transexual o con travestis o con personas gays… Yo tenía como siete años y no sabía qué significaban esas palabras pero sí sabía por su tono, por su mirada, que estaba mal que yo hiciera eso y que estaba mal para ella juntarse con personas así. Fue un momento incómodo en tanto me hizo sentir incómodo en mi ser y en mis maneras de apropiarme de mí mismo… Eso me deja la pregunta de qué tipo de profesionales están hoy en los ambientes institucionales, bajo qué premisas están ahí, porque están en contacto directo con niños en etapas de descubrimiento y pueden, literalmente, empezar a viciar y a contrariar la manera en que te sientes y te apropias de ti mismo.
Sandra

- Sandra -

Una vez tuve un estudiante brillante que estaba en una de mis clases y al que, además, habían recomendado muy especialmente para que trabajara conmigo en un proyecto de investigación. Como a las cuatro o cinco semanas empezó a no rendir, entró en una gran depresión porque la confrontación con sus padres por ser gay era muy profunda, no había comprensión, no había tolerancia y estaba muy afectado porque realmente estaba muy solo… Entonces ver la exclusión y la discriminación de todos nosotros como sociedad hacia una persona que lo que necesita es, como todos los seres humanos, amor y cariño, fue muy duro para mí. Lo único que podía pensar es “si mi hijo de cinco años termina siendo homosexual, ¿Lo voy a dejar solo como los padres de mi estudiante o voy a ser la mamá de esa persona que va a ser saludable emocionalmente porque estoy haciendo la tarea de dar amor?...” Somos seres humanos que necesitamos comprendernos y aceptarnos en nuestra diferencias e identificarnos en las similitudes de nuestras búsquedas, de la búsqueda del amor y el cariño que necesita toda persona.
Valeria

- Valeria -

Soy una mujer trans que hizo su tránsito hace ocho años. Lo hice cagada del susto porque no sabía cuál iba a ser mi futuro, solo sabía que iba a ser mujer… Históricamente las mujeres trans hemos sido relegadas a ciertos roles, la peluquería, la prostitución o los shows artísticos, pero yo me decía “juepucha, ¿a qué me voy a dedicar?” No me veía en ninguna de estas opciones... En ese entonces salió un documental de Natgeo que se llamaba Tabú Latinoamérica… Vi un capítulo de cambio de sexo en el que mostraban varias personas trans, tres de ellas colombianas, y estaban en temas completamente distintos a las opciones que yo pensaba que eran las únicas. Al ver esto, supe que si ellas podían, yo también podría, y entonces tomé la decisión del cambio. Sabía que al hacerlo iba a sacrificar muchas cosas… Desde que decidí ser Valeria, lo más problemático ha sido mi papá que todavía no lo acepta, no asimila que su hijo, y así me lo ha dicho mi mamá, “se haya mandado a poner un par de tetas”, pero si tú me preguntas hoy, “Valeria, ¿volverías a hacer todo tu tránsito pero tienes que volver a perder todo lo que perdiste?”, yo vuelvo y lo sacrifico porque verme a diario en el espejo y reconocer a la persona que estoy viendo no tiene ningún precio, lo que haya que pagar vuelvo y lo pago…
Brenn

- Brenn -

Yo todavía estaba en el colegio, cuando me enamoré de mi mejor amigo… Es muy desagradable no ser correspondido y más cuando teníamos una muy buena relación. Él se la pasaba persiguiendo chicas y yo tenía que fingir que no me molestaba. No sé por qué quise escribir un poema (a él) y se lo terminé leyendo a mi mamá. Ella es una persona creyente y -por miedo- le tuve que decir primero que era un poema para Dios. Después tomé valor y decidí contarle la verdad a mi mamá, sobre el texto y sobre mis sentimientos. Ella fue y sigue siendo bastante comprensiva. Luego le leí el poema a mi mejor amigo… Me abrazó, me dijo que estuviera tranquilo, pero que no lo podía hacer responsable de mis sentimientos, porque él no podía corresponderme. Eso me dolió y fue una herida que tuve que curar con el tiempo, pero me enseñó muchas cosas sobre las relaciones: a no tenerle miedo a los sentimientos y a buscar ayuda porque siempre hay gente que lo quiere a uno. Ya luego del colegio, entré a la universidad y un semestre después él también entró. Todavía somos amigos, pero ya no nos hablamos tanto… Él tiene su carrera y yo tengo la mía.
Patricia

- Patricia -

Soy una chica intersexual y lesbiana. He tenido muchas discriminaciones en mi vida, con mi papá, por ejemplo, y en especial con los médicos… Me acuerdo del primer trauma que tuve cuando un médico me hizo quitar la ropa. Estábamos con la con la enfermera y me dijo “Quítese la ropa que voy a mirar qué es lo que tiene ahí, que no sé qué…” Yo esta con un dolor tenaz y cuando levantó la sábana se quedó mirándome y preguntó: “¿Y esta cosa qué es…?” Me sentí muy pequeña… En ese tiempo no tenía la misma capacidad de defenderme que ahorita… Otro ejemplo: hay muchas personas que me dicen que no voy a entrar al reino de los cielos, que no sé qué, que no sé cuánto, pero yo he estado leyendo sobre las chicas intersexuales y somos personas que, por ejemplo, los egipcios consideraban dioses.

El mundo me ha hecho más dura y he aprendido a defenderme por espacios como el del activismo que encontré hace como diez años… Yo pensaba que era la única persona que pensaba en ser así, lesbiana. Llegué de vivir en otro país y pensaba que Bogotá era muy homofóbica… Un día estaba en el mercado de las pulgas, comprando antigüedades y apenas salí de allí vi pasar la Marcha del Orgullo y, ¡juepucha! eso de lado a lado la calle. Eran como veinte cuadras de personas… Uno de los muchachos me dio un volantico del centro comunitario de diversidad sexual, en ese tiempo quedaba en Chapinero, y fui y ahí me fui integrando con toda la gente. Ahora siempre le digo a las personas: “Vive la vida bien, y como tú la sientas, porque cuando empiezas a ser tú mismo, se siente maravilloso, uno se quita un peso de encima”… Y sobre las personas que nos juzgan, dejémoslas ir, porque a veces no es que no entiendan, es que no quieren entender, se rehúsan a entender cómo somos, entonces ¡déjalos ir y sigue tu vida!
Martha

- Martha -

Yo soy la Madre Martha del sector de Los Mártires, en la localidad de Santa Fe. Soy hija de la creencia en Dios y persona transgénero. Llegue acá a los diez años, tengo 52 y mi familia son todas mis hijas del sector de Santa Fe, donde uno tiene que ganarse el respeto para poder ser alguien en el futuro… Uno no cree, pero quien llega acá arriesga mucho su vida porque no sabe si va a ser bien recibida, pues hay mucha envidia y violencia… Yo siempre les digo a mis hijas que confíen en Dios porque así van a salir adelante. Yo me puse silicona a los 16 años y, la verdad, no se lo recomiendo a nadie porque me está afectando mucho la respiración. No le aconsejo a nadie que cometa esa locura. Yo siempre les recomiendo a las chicas que salgan del closet y estén decididas a enfrentar el mundo como lo hice yo, un ser humano que hoy en día tiene respeto y cariño por las personas y todavía más por mis hijas.
Silvino

- Silvino -

Mi trabajo es el arte, lo que hago es a través de la cámara o de los medios visuales, y esa es la mejor forma como puedo aportar a construir un país mejor… Justo ahora ando desarrollando un proyecto en torno a la discriminación, no solo de sectores LGBTI sino también todo tipo de discriminación. Pienso que no se pueden separar los tipos de discriminación porque finalmente cada derecho que se les garantiza a las personas nos beneficia a todos...

Empecé preguntándome cuando he discriminado yo y de qué maneras lo he hecho sin darme cuenta, cuando discriminé en el colegio a quien venía de otra ciudad por su acento o una chica con la que no salí por su apariencia. Yo creo que la meta es lograr analizarme a mí mismo, porque es muy fácil apuntar y señalar a la sociedad que lo hace, es fácil discriminar a quien no conozco, pero cuando quien tengo al lado es mi hermano transexual o mi primo gay, ahí ya no es tan fácil señalar porque sé que esa etiqueta no los define, esa pequeña etiqueta no define todo lo que hemos vivido juntos.
Emilio

- Emilio -

En mi tránsito he tenido que estar pendiente todos los días de no caer en el juego de la heteronormatividad y de las masculinidades tóxicas. He pasado por muchas confrontaciones conmigo mismo porque me digo: “Hey, estás cogiendo unos roles que representan todo lo tóxico que no te gusta de las masculinidades”. Lo que sí he evidenciado ahora que tengo un aspecto más masculino son unos privilegios a los cuales no tenía acceso cuando tenía un aspecto más femenino… Eso de cómo es el vínculo entre sexo y género, y cómo uno se va comiendo el cuento si no se da cuenta y se va adecuando… Por ejemplo que en un sitio de comidas me pregunten a mí qué quiero comer antes que a mi novia, como si yo fuera el papá de mi pareja. También he aprendido que es mucho mejor esperar al médico porque si uno empieza a tomarse las hormonas solo, termina con problemas en el hígado, en el corazón y, bueno… cómo finalmente uno va madurando esa idea del tránsito, entonces tomársela con calma, darse tiempo…
Gabriel

- Gabriel -

Mis emprendimientos tienen que ver con las artes. Oficialmente, tengo emprendimientos en artes plásticas, en artes escénicas, y un emprendimiento que es más hacia la producción y la gestión, que es lo que lo potencia todo… Para ser emprendedor creo que primero hay que tener muchas ganas, no solo ganas de hacer las cosas, sino ganas que contagien a las otras personas para que lo hagan contigo, porque a veces emprender significa que tú no tiene recursos, pero tienes un conocimiento o una idea y la quieres desarrollar… Entonces diferentes personas desde diferentes ramas del conocimiento le apuestan a esa idea...

Nunca me han discriminado, nunca me han hecho el feo por ser marica, ni hombres ni mujeres… Me he encontrado con hombres claramente conservadores hablándome súper duro, pero igual a ti no buscan por ser gay, lesbiana o transgénero, sino por tu idea o proyecto, y eso es lo que importa, la calidad de lo que presentas o tu hoja de vida, no si eres feo o bonito, si te gustan las chicas o los chicos o no te gusta nadie.
Nestor

- Nestor -

Entonces sería el año 2013, donde muchos aspectos generarían un giro de ciento ochenta grados frente a lo que era mi vida hasta ese momento. La estabilidad que tenía cambiaría, me refería al proceso interno del reconocimiento de mi sexualidad. A esto se sumó salir de mi etapa de colegio y empezar una nueva vida en la universidad. La carrera que escogí, no llenó en lo más mínimo mis expectativas y la verdad quería salir corriendo. En Marzo de ese año, un día que salí de clase, un amigo me dijo que ya había salido la nueva película de Guillermo del Toro “MAMÁ”, me preguntó si íbamos a verla y yo acepté. Al terminar la función me fui para la casa. Cuando llegué sentí una atmósfera pesada, como cuando uno sabe que algo no está bien. Mi mamá me recibió de forma tosca, le pregunté si pasaba algo a lo cual ella me respondió: ¿Usted por qué llega a esta hora?, sale de acá a las cinco de la mañana y llega a las diez y media de la noche. Yo le respondí que me había tardado porque había ido a cine, ella quería saber con quién y le respondí que un amigo me había invitado. Mi mamá empezó a decirme que sentía que las cosas no estaban del todo bien conmigo. Molesta se fue a mi cuarto por algo, regreso con unas medias de color rojo y me preguntó de dónde las había sacado. Yo me puse algo nervioso y le dije que las había comprado. Ella me dijo que durante el tiempo que he vivido con ella, que es toda la vida, me ha aprendido a conocer muy bien como para saber que una de las cosas que menos me gusta son los colores fuertes en la ropa y nunca compraría medias de color rojo. Mi mamá me dijo que estaba algo desconcertada con una situación que veía en mí desde hace algún tiempo atrás, que no entendía por qué había adquirido el hábito de usar el computador todas las noches en el cuarto cerrando la puerta con seguro y me aseguró que frente a esa situación, ella iba a tomar acciones y contrataría a alguien para que revisará qué era lo que yo hacía todas la noches.

Yo llamo a las medias rojas, el florero de llorente de esta historia, porque esa situación hizo que en ese momento yo tomara todo el valor para contarle a mi mamá qué estaba pasando. Dentro de mi lógica era absurdo soportar una violación a mi privacidad por una situación que después de muchos años de confusión, rabia, tristeza y culpa, por fin había logrado aceptar y superar. Me acerque a ella y le dije: ¿Quieres saber la verdad?. Ella asintió con la cabeza y le conté que era gay.
Alejandro

- Alejandro -

Una vez hice tremendo escándalo en Avenida Chile porque me sacaron de allá con el que era mi novio en esa época. Fue un proceso judicial muy sonado en medios y toda la cosa. De un momento a otro me convertí, fugazmente y sin querer queriendo, en una más de las caras/nombres de la lucha por los derechos gay en Colombia y la noticia fue una de las más sonadas del año y todo. El boroló fue un besatón, así como para resaltar que es el amor lo que nos une y el amor que yo sentía por mi ex y por la relación que teníamos lo que me había hecho defenderla en el espacio público, en el espacio donde se juega nuestra existencia en la sociedad.

Eso fue ya hace mucho tiempo, pero hace un año y medio que me mudé a Nueva York para seguir bailando (que es lo que más me apasiona en la vida). NYC es un paraíso gay, por supuesto. Allí he salido con muchos chicos de diferentes nacionalidades, pensamientos, creencias, experiencias vitales, y cada vez descubro más maneras de comprender el cariño, el afecto y el amor. Cada vez me cuestiono más: ¿qué es el amor? ¿cómo nos queremos? ¿cómo se manifiesta en cada une de nosotres? De vez en cuando recuerdo lo que tuve que luchar y lo mucho que tuve que dar de mí en medio de ese proceso contra Avenida Chile, y lo relaciono con mi proceso interno actual de aprender cómo amar mejor. Bogotá me enseñó a que hay que defender nuestro derecho a amar con garras y dientes si es necesario, pero Nueva York me está enseñando poco a poco cómo amar mejor, a amar más libremente, a amarme más a mí y por tanto a les demás, a crear comunidades basadas en el amor. De activista social pasé sin querer a ser un activista dentro de mí mismo para construir un amor del cual me sienta verdaderamente orgulloso.
Javier

- Javier -

En Argentina estaba acostumbrado a un círculo más diverso, nunca vivía situaciones de discriminación, situaciones que se naturalizan y que luego no creemos que existen, por ejemplo que uno vea a alguien afeminado siendo discriminado y uno, incluso siendo homosexual, no diga nada... Cuando volví a Colombia, el primer choque fue con mi familia. Viví con ellos un tiempo mientras me establecía y me tocó decidir qué posición tomar, “¿digo algo o lo ignoro?”… Me pasó con varios miembros de mi familia, pero de un tiempo para acá tomé la decisión de decir las cosas… Uno tiene que ponerse en los zapatos del otro porque es importante empezar a cambiar… Pienso, por ejemplo, cuando un hombre tiene un comportamiento afeminado y lo ridiculizan… Es difícil ir en contra de eso, pero yo hablo cuando no me parece. Es importante ir educando a las personas que nos rodean para dejar de caer en acciones violentas contra los demás.
Ana

- Ana Victoria -

Soy la primera mujer transgénero en los cuerpos uniformados armados de Colombia. Tengo 25 años y trabajo de dragoneante del INPEC desde hace tres años. A partir de 2015 tomé la determinación de materializar mi transición. Al principio tuve unos inconvenientes con el cabello y con el uniforme, porque aunque es el mismo, la forma de llevarlo es diferente, pero cuando ocurrió el inconveniente, les expliqué que estaba en el proceso de tránsito… Ellos se negaron, dijeron que no se podía, y como yo no había leído todavía el reglamento completo, cuando llegó el cabo tuve que cortarme el pelo. Luego contacté a gente que me asesoró, y ya sabiendo más, jamás de los jamases me cortaría de nuevo el pelo… Empecé a chocar mucho con varios compañeros pero les aclaré a los comandantes que no me iba a dejar, que esto podía seguir subiendo a los altos tribunales, porque yo ya sabía que ellos me tienen que dejar… Yo iba a materializar lo que quería. Los comandantes entendieron que tengo mis derechos y que todo se iba a manejar dentro de la institución… Tuve otro lío con unas fotos que circularon en redes sociales donde me empezaron a hacer bullying, una cosa terrible… Eso me afectó mucho y me pareció curioso que la institución no comentara el suceso ni para bien ni para mal… Me pusieron algunas trabas con el proceso de cambio de documentos y en las bases de datos, pero al final tuvieron que dejarme.

Finalmente los espacios y los lugares en la sociedad se los gana uno mismo. Yo me reprimí mucho, y este fue el segundo intento de transición. Si hubiese seguido reprimiéndome, no sé qué sería de mi vida. Tuve que demostrar que esto no es un capricho, ni por andar en rumba ni nada… ¡Es porque de verdad lo quiero!