- Andrés -
Cuando bailaba danza contemporánea, tuve la oportunidad de experimentar mucho y quitarme tabús de la cabeza, en especial en una época en la que estuve bailando con una compañía de danza- teatro que se llama Yo Reinaré-Compañía de Danza. El maestro que la dirige, Julián Alvarado, es muy queer y siempre ha tenido un gran interés en romper los límites de uno mismo y de los demás. Por ejemplo en una de las obras que realizábamos, Manifiesto de un hombre en desequilibrio, en una escena donde éramos una reunión de Melancólicos Anónimos, los cuatro que nos presentábamos leíamos un escrito dirigido a nuestra Melancolía. En esas, él se paraba en el centro con tacones y mientras leía, varios de nosotros le mordíamos los muslos intentando desequilibrarlo. En otro performance hacíamos la fonomímica y una pequeña coreografía de una escena icónica de María, la del barrio llamada “La maldita lisiada” y la repetíamos setenta veces. En la mayoría de las piezas explorábamos el género, el deseo y nuestros propios límites del cuerpo y de la mente. Recuerdo esa época con mucha nostalgia y felicidad… Fue una de mis épocas más creativas.