- Edward -
Cuando trabajaba en el sector privado de la educación siempre estaba con miedo, pensando que alguien se enterara de mi homosexualidad. Trataba de “normalizarme”, comportándome lo más masculino que pudiera. Era agotador estar hipervigilante, autocensurándome constantemente, a pesar de haber “salido del closet” con mi familia, todavía estaba en el del trabajo. Pasar el concurso en el sector público fue liberador, y me dio el valor para enfrentar la homofobia de mis compañeros de trabajo. Por fin pude empezar a comportarme como siempre quise, a vestirme como me da la gana… Y a defender a mis estudiantes que manifestaban identidades sexualmente diversas del acoso y la persecución de compañeros y docentes.
Es hermoso y gratificante recibir preguntas de mis estudiantes sobre mi vida personal, compartirles mis experiencias de vida, notar que ellos y ellas van adquiriendo una actitud de respeto hacia las diferencias, cuestionando los estereotipos y prejuicios.
Me sentí feliz una tarde, cuando una ex alumna me abordó en la calle. Alegre y sonriente, me dijo: “Profe, le presento a mi novia”. Y le dijo a su novia: “Mira, amor, él es el profe del que te hablé.” Ese gesto me llenó de esperanza, de orgullo, y sentí que estoy donde debo estar, que mi vocación es la educación, y que los cambios empiezan por esos pequeños detalles que alegran la existencia.