- Juan David -
Cuando tenía trece o catorce años de edad, hacía parte de una parroquia muy cerca de mi casa. Era acólito y catequista de primera comunión, un referente en la comunidad. Alrededor de esa edad me enteré que también pertenezco a otra comunidad. Desde siempre había tenído muy claro mi gusto por los hombres, pero nunca supe que existía un nombre para esa condición. El Internet me dio acceso a esa y mucha otra información. Con el descubrimiento empecé también a descubrir todo el “conflicto” que mi sexualidad presentaba con la religión católica. Entonces me invadió una especie de ansiedad por no saber cómo seguir procediendo en mis grupos parroquiales…
Un sábado me encontré con una de mis amigas y le comenté sobre la información que acababa de obtener. Ella me dijo que lo sospechaba y que ella también era homosexual. Recuerdo haber sentido algo del orden de lo familiar con ella desde ese momento. De ahí en adelante, como era de suponer, varias personas más de la parroquia se enteraron, y nadie mostró ningún tipo de rechazo o indiferencia frente al tema. Todos me acogieron todavía más. Un día el párroco se enteró de lo que todo el mundo decía: “A Juan David le gustan los hombres”. Decidió hablar conmigo, se mostró amable frente a la situación, pero me recomendó que recordara que siendo homosexual o heterosexual tenía que tener presente que estaba en el ojo de muchas personas por lo cual debía tener cierto comportamiento dentro y fuera de la parroquia… En lo demás fue muy comprensivo con la situación.
Ahora que recuerdo aquella época de mi vida, no encuentro más que gratitud y cariño por todas esas personas que estuvieron conmigo, sobre todo en esa etapa caótica de los catorce años cuando se piensa que todo está en contra de uno y todo parece muy desordenado.