- Nestor -
Entonces sería el año 2013, donde muchos aspectos generarían un giro de ciento ochenta grados frente a lo que era mi vida hasta ese momento. La estabilidad que tenía cambiaría, me refería al proceso interno del reconocimiento de mi sexualidad. A esto se sumó salir de mi etapa de colegio y empezar una nueva vida en la universidad. La carrera que escogí, no llenó en lo más mínimo mis expectativas y la verdad quería salir corriendo. En Marzo de ese año, un día que salí de clase, un amigo me dijo que ya había salido la nueva película de Guillermo del Toro “MAMÁ”, me preguntó si íbamos a verla y yo acepté. Al terminar la función me fui para la casa. Cuando llegué sentí una atmósfera pesada, como cuando uno sabe que algo no está bien. Mi mamá me recibió de forma tosca, le pregunté si pasaba algo a lo cual ella me respondió: ¿Usted por qué llega a esta hora?, sale de acá a las cinco de la mañana y llega a las diez y media de la noche. Yo le respondí que me había tardado porque había ido a cine, ella quería saber con quién y le respondí que un amigo me había invitado. Mi mamá empezó a decirme que sentía que las cosas no estaban del todo bien conmigo. Molesta se fue a mi cuarto por algo, regreso con unas medias de color rojo y me preguntó de dónde las había sacado. Yo me puse algo nervioso y le dije que las había comprado. Ella me dijo que durante el tiempo que he vivido con ella, que es toda la vida, me ha aprendido a conocer muy bien como para saber que una de las cosas que menos me gusta son los colores fuertes en la ropa y nunca compraría medias de color rojo. Mi mamá me dijo que estaba algo desconcertada con una situación que veía en mí desde hace algún tiempo atrás, que no entendía por qué había adquirido el hábito de usar el computador todas las noches en el cuarto cerrando la puerta con seguro y me aseguró que frente a esa situación, ella iba a tomar acciones y contrataría a alguien para que revisará qué era lo que yo hacía todas la noches.
Yo llamo a las medias rojas, el florero de llorente de esta historia, porque esa situación hizo que en ese momento yo tomara todo el valor para contarle a mi mamá qué estaba pasando. Dentro de mi lógica era absurdo soportar una violación a mi privacidad por una situación que después de muchos años de confusión, rabia, tristeza y culpa, por fin había logrado aceptar y superar. Me acerque a ella y le dije: ¿Quieres saber la verdad?. Ella asintió con la cabeza y le conté que era gay.