- Samuel -
“Mamá, papá… Soy gay… y mañana viene mi novio para que lo conozcan.” Eso fue todo. No hubo llanto ni amenazas. Ellos recostados en la cama viendo TV, yo desde el pasillo de entrada en una esquina de la habitación. Papá ni se inmutó, por lo que le pregunté qué pensaba al respecto: “Nada, hijo, sigue estudiando.” No esperaba más de él, siempre tolerante y reservado, papá. Mamá tampoco pareció sorprendida, pero sí replicó inmediatamente: “¿Desde hace cuánto lo sabes?” Por cuestiones fuera de mi control y comprensión, siempre lo he sabido… y sido. Al día siguiente vino el único al que he llamado mi novio en mi vida. Primer amor, ya entenderán. No hubo nada destacable de su visita. Lo trataron bien, todo el acontecimiento se sintió bien. Soy consciente de lo afortunado que soy en muchos aspectos, pero sobre todo con mis padres. Ellos fueron criados en hogares tradicionales bajo preceptos seculares, pero por elección propia decidieron amar y apoyar a sus hijos sin excusa. Nunca tuve mayor conflicto con mi sexualidad, nunca me he sentido directamente discriminado debido a ésta, nunca la he lucido con orgullo pero tampoco con deshonra. Simplemente así se es y ya.