- Tina -
Mi experiencia desde pequeñito respecto al género ha sido muy interesante. Crecí en Tuluá, en el Valle, cerca de Cali. Estudiaba en un colegio privado, de solo chicos y de curas. Siempre tuve una sensibilidad más femenina que masculina, entonces en el colegio, a la hora de comportarme y a la hora de abordar el teatro, que era una de las posibilidades para expresarme fuera de la opresión social, era mucho más femenina… Desde pequeñita tuve el cuestionamiento del rol asignado versus al rol que quería asumir, sin decir con esto que quería ser una mujer… Quería actuar los roles femeninos. En el colegio no nos daban garantías a las personas como yo. Nos hacían mucho bullying y aunque no me dejaba, o sea, no me escondía, me molestaba mucho que a los que nos molestaban no los castigaban. Era una cantidad de violencias que se evidenciaban en el salón de clases pero a la que ningún profesor se oponía.
Este proceso continúa toda la vida y me parece curioso que en la educación, en los colegios y en las universidades sin hacerlo explícito, se sigue dando la violencia contra los cuerpos y contra las feminidades. Hay una necesidad muy grande de encasillar los géneros. En mi trabajo con el teatro independiente he luchado para que no sea así, y ha sido difícil porque el medio del teatro también margina las identidades diversas. Por eso, debemos seguir trabajando por darles el lugar digno que se merecen.